En el hospital
Cada mañana era igual para Hugo Uci. Siempre, al despertar, recordaba el sueño. Pero sabía que ese sueño, aunque no podia explicarselo del todo, no era suyo. No hacía falta que se esforzara siquiera en retenerlo, era tan claro y real que, a veces, parecía que soñaba despierto. No fue la excepción esa mañana de octubre, cálida y hermosa, que situaba a Hugo acostado en la cama de un hospital. La última imagen del haudreas(1) seguía guardado en su mente. A su lado se encontraba la enfermera, una muchacha avejentada por las circunstancias crueles de la vida, atormentada por las implicancias diarias de su oficio. Vio que Hugo despertaba calmamente, y apoyó su mano sobre su frente.
-Ya no tenés fiebre- le dijo a sus ojos, tras unos segundos-¿Dormiste bien?-
Hugo respondió con su cabeza, gestando una sonrisa. La enfermera no podía quitar la vista de sus bellos ojos, profundos hasta el alma, pero tuvo que voltearse porque debía seguir con su labor.
-Sos hermosa- se escuchó detrás.
Era Hugo, que casi siempre sabía como agradarle a las personas. La enfermera, con una sonrisa escondiada, le agradeció, y se retiró a traerle el desayuno.
Su cama se encontraba en una gran habitación, llena de pacientes en cama o ya levantados, y doctores y enfermeros caminando entre ellos. La cama junto a la suya, separada por algo más de un metro, estaba ocupada por un hombre que lo miraba fijamente.
-Buen día- saludó Hugo
El hombre se mantuvo en silencio, pero seguía mirandolo, clavaba sus ojos en los suyos, emanaban odio y desprecio. Hugo pasó la mano por su suave y sedoso cabello de jóvenes raices, mientras prolongaba su vista en la calva y vieja cabeza de su vecino. Nunca dejaba que un comportamiento ajeno que lo incomodase o lo maltratara quedase impune. Movió la cabeza para el otro lado y se encontró con una familia alrededor de la cama, que ocupaba el padre. Sonreían y hablaban entre ellos. Eso lo alegró. Los chicos, una niña y un niño de 15 y 10 años respectivamente, reían atrolondadamente, mientras que la madre, sentada junto a su marido, le daba de comer mediante una cuchara. De repente, volvió la enfermera con una bandeja en sus manos. La dejo encima de Hugo, quien se acomodó para comenzar a comer. Luego de agradecerle, le atinó a preguntarle, porque encontraba el padre de familia allí.
-Sufrió un ataque cardíaco- fue la respuesta, -igual que vos-.
-Pensé que tenía fiebre- se asombró.
-Las dos cosas-
-¿Hace cuanto estoy acá?- preguntó
-Desde ayer a las 10 de la noche- le contestó la enfermera, que, un poco preocupada, volvió a apoyar la mano en la cabeza.
-¿Y sabés si vino alguién a verme?-
-No, no vino nadie, pero llamaron a la ambulancia para que te fuera a buscar, y no se nada más-.
-Gracias- dijo él.
-Ya podes levantarte y usar el teléfono, pero antes te tiene que ver el doctor. Ya debe estar por venir- concluyó la enfermera, y se retiró nuevamente.
Hugo se preguntaba, muy extrañado, porque no recordaba el ataque que había sufrido, y también quién estaba junto a él en ese momento. Terminó de desayunar, pero todavía no llegaba el médico. Se durmió otra vez mientras lo esperaba...
(1) Sinónimo inventado de SUEÑO.