El teléfono sonó por lo menos unas diez veces, y lo puso de muy mal humor.
-Hola ¿Quién es?
-Soy yo ¿Cómo andas?
-A, vos ¿Y por qué me llamas a esta hora?
-No se ¿Por qué? ¿Está mal?
-Si, está muy mal, no me podes llamar a esta hora vos.
-¿Yo? ¿Y otra sí puede?
-No entendés. Todavía no entendiste...
-...
-Ya no te quiero, ni verte ni escucharte, y menos a esta hora. ¡Por Dios!
-Sos un pelotudo.
-Está bien, pensá lo que quieras, pero no me jodas más. Se terminó.
Pero en realidad el teléfono sonó solo tres veces, y lo puso de muy buen humor porque sabía que era ella. Y no pararon ni un segundo en dejar de decirse de todas las formas posibles: Te amo.
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