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lunes, 26 de julio de 2010

El arte de crear y destruir

Sonó la alarma y todos los hombres se subieron al auto. Cerraron las ventanillas y esperaron en silencio. Pasaba el patrullero por la calle con la sirena sonando, los policias observaban al callejón, no vieron nada sospechoso y siguieron su camino .Un hombre abrió la puerta y salió, los demás hombres suspiraron y observaron a Luciano mirando al cielo. Luciano había bajado del auto y mientras miraba orinaba el pasto.

La noche era fría y oscura, solo se veía la media luna. Los ojos de Luciano la encontraron, y fijos, brillaron con el resplandor del satélite. No escuchaba nada, solo miraba la luna. No sentía nada, sus amigos habían bajado del auto y trataban de hacerlo reaccionar.

Luciano no respondía a las preguntas, estaba parado con los ojos fijos en la luna y con la boca abierta, su aliento se congelaba. Sus amigos, pensando que era broma se marcharon en el auto y lo dejaron solo.

Las canciones eran abundantes y venían de los largos pastos, solo el canto de los grillos escuchaba Luciano, que miraba la luna. El viento comenzó a soplar muy fuerte y su ruido atemorizaba a los niños que trataban de dormir. Unas nubes al norte se aproximaban a la luna y se juntaban todas, parecía que empezaría a llover. Había silencio, solo el ruido del viento se escuchaba, ya no había mas canciones, ya no había patrulleros, ya no había luna.

Ya no había luna. Luciano reacciono, no entendía que hacía solo, empapado de agua y buscó algún refugio de la lluvia. Estaba tosiendo, tenia frío, encontró un toldo de lona de un negocio y se quedó allí. La noche era mas oscura y encima llovía, el viento había recobrado fuerzas y golpeaba las hojas de los árboles contra el asfalto. Luciano miró su reloj, y no encontró la hora, los números y agujas ya no estaban, como tampoco estaba la carcaza y la malla. No había reloj, no había luna, no había patrulleros, no había canciones y no había amigos.

Tenia frío y frotaba las manos contra la campera, estaba solo y asustado. De pronto sintió que el agua caía sobre su cabeza, miró hacia arriba y ya no había toldo. Era confuso, las cosas desaparecían solas y Luciano no entendía lo que sucedía. Miraba alrededor y no encontraba nada, no había calle, no había viviendas ni comercios, estaba Luciano desnudo en el medio de un plano vacío, que solo contenía un hombre. El hombre ya no tenia frío, no había más viento ni lluvia. El hombre pensó en la luna y la luna apareció. Nuevamente la miro fijo y la contempló un momento. Luego, pensó en su vestimenta, y su vestimenta apareció. Pensando en las cosas que había destruido, esas cosas volvían a aparecer.

El hombre posee el arte de crear y destruir, luego también tiene el arte de volver a crear lo destruido y destruirlo de nuevo.

El hombre conoce del bien y del mal y conoce como utilizarlo, pero nunca aprenderá el arte de crear o destruir el bien y el mal, aunque sepa usarlo para crear y destruir.

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