Josefo Domínguez y Héctor Cuis se encuentran en la plaza, como todas las mañanas de los días de semana. Se saludan y caminan juntos hasta la estación del tren.
Silbidos ocasionales de Domínguez, el mayor.
-No es así- interviene Cuis, el jóven, y silba.
-Tampoco es así- exclama el otro, y silba
-¿Así está bien? y silba.
La cabeza de Domínguez dice que no, y silba.
-¿Y si bajo un tono?-
La cabeza de Domínguez dice que tal vez, y silba.
Cuis baja un tono, y silba.
La cabeza de Domínguez dice que sí, y silba.
Llegan a la estación, y escuchan el silbido del tren (si, todavía silbaban los trenes).
Silbando, suben al tren. Pasan junto al señor encargado, que grita: ¡Todos a bordo! Y saca su silbato y silba.
-¡No es así!- exclaman los dos.
-¿Perdón?-
-No es así, señor- dice Cuis.
Josefo apoya la mano en el hombro de su amigo y confirma esto.
El tren se mueve.
-Yo se perfectamente como es-
-Perfectamente imperfecto- interviene Domínguez- A Ud. le falta amarillo-
-¿Amarillo?-
-Y verde- añade Cuis -Si si-
-Intente ahora con amarillo y verde y sin tanto rojo, a ver como le sale- dice Josefo
-¿De que están hablando? ¡Sus boletos por favor!-
-No tenemos- dicen.
-¡¡¡Entonces se van a tener que bajar en la próxima estación, o pagar una multa!!!-
-¡¡Intente eso mismo pero silbando!!- le dice entusiasmado Cuis.
El encargado no hace nada.
-Vamos hombre, mire, así- dice Domínguez, y silba.
Cuis se suma.
-¡¡Alto, ALTO!!- pide el encargado, pero siguen silbando y silbando. Saca su silbato y descarga todo su aire en él. Cuis y Domínguez se detienen. Lo miran orgullosos y lo aplauden, lo felicitan.
-Mejor que si lo hubiese hecho yo- le dice Domínguez.
-Ud. tiene futuro- le guiña un ojo Cuis.
-Bueno, gracias- sonrie el encargado -Yo también lo noté-
-Y para tener vital esa fuerza, no se olvide de tomar jugo de flores- le recomienda Domínguez.
-¿Nos perdona esta? La próxima vez venimos con dos boletos cada uno- le recuerda Cuis.
-Vayan, vayan, silber amigos-
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