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lunes, 26 de julio de 2010

Zen

Un día, un maestro de budismo zen andaba de paseo por la ribera de un río cuando, de pronto, advirtió algo que debió ser una sorprendente visión milagrosa: uno de sus discípulos caminaba sobre las aguas.
"Qué haces?" exclamó el maestro. "Cruzo el río", contestó el discípulo. "Ven conmigo", ordenó el maestro zen.
Y emprendieron una larga caminata a pleno sol, hasta que se encontraron con un barquero. Cuando se subieron al bote, el maestro le dijo: "Ésta es la manera de cruzar un río".

Enigma

Quizás el aspecto más desconcertante del zen es el koan: un problema sin solución intelectual. Si existe una respuesta, ésta no tiene ninguna relación lógica con la pregunta. "Qué es Buda?", dice un koan, y la respuesta que el maestro zen considera mejor es: "Unas cuantas semillas de lino". Interrogado acerca de dónde vienen todos los Budas, un maestro contestó enigmáticamente: "La Montaña del Este camina sobre las aguas".
Algunos koan explican cosas lógicamentes imposíbles: "¿A qué suena una mano que aplaude?", por ejemplo, o "Cuando la mayoría se reduce a uno, ¿a qué se reduce el uno?", o incluso "Caminar mientras se monta en burro".

Filosofía Subyacente

Pero tras la máscara de sinrazón del zen yace una filosofía profundamente sensata. Uno de los objetivos de esos acertijos es enseñar la inutilidad de emplear la lógica y el lenguaje para lograr algo tan inexpresable como la iluminación espiritual. Otro es alentar reaciones espontáneas y decididas ante los hechos, para que el adepto responda de modo instantáneo, intuitivo y más acorde con las circunstancias, y eluda la trampa del pensamiento abstracto. Pero preguntar por qué el hecho de caminar sobre las aguas no es prueba de enormes poderes espirituales tal vez tenga sentido para provocar una respuesta totalmente confusa.

de Reader´s Digest

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